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Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos

 Edificando paz con pilares sólidos en Latinoamérica y El Caribe 


Inquietarse es un motivo. Querer, el comienzo. Hacer, el avance. Pero aprender, y sobre todo, de forma constante y consciente, es lo diferencial en la construcción de paz. Y es que edificar procesos sociales no es como pegar ladrillos, sino ponerles bases fuertes a los procesos, para que, como otro tipo de obras, no se derrumben al primer temblor o escollo, y para que lo que se haga no traiga nuevos problemas, sino los beneficios y las transformaciones necesarias y esperadas.


Justamente ese es el sentido del Diplomado en Construcción de Paz y Transformación Social de Conflictos ofrecido, entre 2022 y 2023, por el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), el Centro Bíblico, Teológico y Pastoral (CEBITEPAL), Catholic Relief Services (CRS), el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad José Simeón Cañas (IDHUCA) de El Salvador y la Comunidad de Práctica Caminando Hacia la Paz: que quienes participen fundamenten su quehacer con conocimientos y habilidades, a partir de experiencias y recomendaciones de personas y entidades comprometidas con la construcción de la paz, la prevención y la gestión de violencias y conflictos, cuyas vivencias y prácticas, basadas en una constante revisión de las evidencias, les han permitido consolidarse como verdaderos artesanos de paz. 


El Diplomado es una propuesta formativa desde la Iglesia católica que pretende contribuir a desarrollar capacidades de observación, análisis y actuación, necesarias para formular, gestionar y evaluar iniciativas pastorales tanto orientadas a la prevención de violencias y conflictos, como a su atención cuando se producen.


A continuación explicamos un poco más los antecedentes, la propuesta metodológica y los horizontes de esta propuesta educativa para aprender a construir paz.


Colaborar y compartir aprendizajes: el origen del Diplomado


En 2011, la Conferencia Episcopal Mexicana, ante la situación del desbordamiento de las violencias que desató la declaratoria de guerra del gobierno a los cárteles del narcotráfico, se acercó a la colombiana para solicitarle orientación sobre cómo afrontar la situación, dada la trayectoria de esta última en la atención integral de este tipo de realidades que atentan contra la paz. 


Como parte de las acciones definidas de contribución y transferencia, la colombiana  Rosa Inés Floriano, quien hacía parte del Secretariado Nacional de Pastoral Social Cáritas Colombiana, diseñó un primer diplomado pensando en cómo contribuir a la transformación de estas dinámicas desde todo el quehacer social de la Iglesia. En 2013, comenzó a ofertarse, en varias versiones presenciales; solo la última, en 2019, fue virtual por la pandemia.  


Esa experiencia fue conocida por el padre Francisco Hernández Rojas, quien era secretario ejecutivo de Cáritas Latinoamericana. Convencido y esperanzado con la propuesta, solicitó documentarla y convertirla en un programa formativo más amplio, para ser llevada a otros países. Así surgió, en 2022, el actual diplomado, con apoyo de Susana Nuin Núñez, en aquel tiempo Coordinadora del CEBITEPAL, y de otras entidades que se sumaron aportando docentes y conocimientos



Desde sus inicios, el diplomado se pensó, desde una dinámica virtual, flexible, dialógica y colaborativa,  para ser ofrecido en países o entidades específicas, de tal forma que se facilitara la participación sin requerir desplazamientos y grandes inversiones, la contextualización de los contenidos en realidades concretas, complejas y cercanas, y la colaboración constructiva de iniciativas. Así, 470 personas han culminado la formación, en seis grupos diferenciados. El primero, ofertado para toda la región de Latinoamérica y Caribe; el segundo, en Paraguay; los dos siguientes para Centro América, el quinto para El Caribe y el sexto para la Zona Andina.


En cuanto a su estructura curricular y metodología, el diplomado incluye encuentros sincrónicos periódicos, diseñados bajo el método teológico pastoral de Ver, Juzgar y Actuar, en los que se abordan temas relacionados con la fundamentación conceptual para la construcción de la paz, el análisis del contexto y de los conflictos, la planificación de programas integrados e iniciativas de transformación social, las herramientas y estrategias de acompañamiento y seguimiento a los procesos, y los mecanismos para la evaluación de los esfuerzos, las actividades y las acciones. También, otros donde se analizan experiencias o casos reales de entidades que hacen parte de la comunidad Caminando hacia la Paz.    Todo esto, con apoyo de una plataforma de aprendizaje en línea facilitada por el CEBITEPAL.


Método Ver, Juzgar, Actuar, adoptado por la Doctrina Social de la Iglesia


Para evidenciar las comprensiones, los y las participantes se organizan por equipos, para diseñar y compartir, como resultado del proceso, iniciativas pastorales orientadas a atender conflictos específicos de sus propios entornos.


Todo lo anterior es dinamizado por un equipo formador de gran nivel, conformado por Isabel Aguilar Umaña (Guatemala), Diego Carranza (El Salvador), Richard Jones (El Salvador), Thomas Bamat (Ecuador) y la misma Rosa Inés Floriano (Colombia), entre otros docentes. Además, se cuenta con invitados de Cáritas El Salvador, el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) por la Paz, la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), la Fundación Instituto para la Construcción de la Paz (FICONPAZ) de Colombia, y la Coordinación Territorial en Jinotega de Cáritas Nicaragua, entidades que comparten metodologías de gran valor.


Ahora bien. A finales de 2023, se invitó a egresados(as) del diplomado a participar en la feria de iniciativas y el concurso Juntos Construimos Paz. Esto permitió compartir los proyectos que se diseñaron durante la formación, algunos ya en fase de implementación con apoyo de varias organizaciones, en los cuales se “abordan los desafíos que obstaculizan la paz en nuestras sociedades, permitiendo la cristalización de ideas inspiradas, del compromiso sostenido y de la creencia en un mundo donde la paz puede ser cultivada y compartida”, como se mencionaba en dicha convocatoria (daremos cuenta de las iniciativas ganadoras en otros artículos publicados en esta caja de herramientas).


Artesanos de paz forman a nuevos artesanos: testimonios de quienes han hecho posible esta experiencia


Desde la segunda versión del diplomado, la maestra mexicana Patricia Chávez Rosas asumió la coordinación académica, acompañada en la coordinación operativa por el colombiano Miguel Ricardo Gómez y, por parte del CEBITEPAL, por Cristina María Cabrera (en los dos primeros diplomados), Geraldine Hernández (en los dos siguientes)  y la Hna. Maritza Martínez Rodas (en los dos últimos).


Bajo la coordinación de Patricia, científica e investigadora en temas de pedagogía, didáctica y desarrollo humano, con una valiosa trayectoria en organizaciones educativas y en la Cruz Roja Internacional como asesora pedagógica, las versiones del diplomado comenzaron con un proceso de planeación conjunta con el equipo docente, buscando cualificar el proceso académico, consolidar la metodología de enseñanza, construir cartas didácticas o descriptivas de cada módulo, y establecer estrategias pedagógicas pertinentes.  De igual forma, con una caracterización previa de las personas participantes, para comprender mejor sus perfiles y establecer posibles estrategias de acompañamiento y de adecuación de los contenidos y actividades formativas, de acuerdo con las necesidades de sus contextos y organizaciones. Así mismo, se realizaron procesos de evaluación y documentación de las experiencias para gestionar el conocimiento adquirido e ir cualificando el programa académico.


Para Patricia, la modalidad virtual ha sido esencial, en tanto ha facilitado la participación de personas situadas en territorios alejados de los centros urbanos, ofreciendo 

(…) un universo de posibilidades para responder a necesidades reales y latentes, de gente que se pregunta “qué puedo hacer”, “con qué puedo colaborar”, “quiero ayudar, pero no tengo la menor idea de cómo hacerlo” o “si hago, cómo hago para no arriesgarme al no saber manejar ciertas situaciones”.  Yo creo, entonces, que el diplomado sí está haciendo la diferencia en muchísimos lugares y con muchísimas personas, al dar bases y sustento con información y herramientas que pueden verdaderamente aplicarse.


Por su parte, Rosa Inés Floriano, hoy Directora Ejecutiva del Instituto Interamericano por la Paz y la Reconciliación INSPyRE, añade que el esfuerzo ha sido bastante significativo, pues ha posibilitado

(…)  la confluencia de oportunidades, pues en el mundo eclesial hay una gran inquietud y necesidad de acceder a bases conceptuales, herramientas y experiencias de referencia que permitan orientar la labor de la Iglesia en la construcción de paz. Por ejemplo, ha permitido que la caja de herramientas de la Comunidad de Práctica Caminando hacia la Paz sea apropiada, pues me llamó la atención que, en la feria de iniciativas, varios de quienes pasaron por el diplomado mencionaron que habían utilizado en su proyecto –o están empleando– varias de las herramientas que han descargado de allí, lo que supone hacer un aporte significativo para mejorar lo que hacen los practicantes de la paz.


De otro lado, Cecilia Suárez, de CRS, entidad miembro de Caminando hacia la Paz y que apoya la implementación del diplomado, opina que esta formación se ha consolidado como un proceso de transformación en la manera como se construye paz desde las bases de la Iglesia, y que las entidades que hacen parte de la comunidad de práctica, con un enorme acervo en esta materia, lo han compartido con equipos de otros países distintos a los de sus zonas de influencia. Esto ha otorgado al diplomado un valor añadido, al estar basado en el análisis de casos reales y prácticos, en distintos contextos, con metodologías diversas e, incluso, algunos con recursos limitados, lo que ha demostrado que, pese a los inconvenientes, es posible sacar los proyectos adelante.  Igualmente, considera invaluable 

(...) el hecho de que se ha permitido conectar, en espacios regionales, a expertos técnicos que lideran microiniciativas y macroprocesos de construcción de paz, con aquellos expertos de trabajo que son la base de la Iglesia en los distintos lugares y comunidades, y poner al servicio de ello las herramientas que cada vez más se ofrecen en la caja de herramientas de la comunidad de práctica Caminando hacia la Paz. Esto es esencial no solo para visibilizar lo que de forma independiente hacen los actores eclesiales en cada país o territorio, sino para cohesionar esfuerzos, talentos y recursos de la misma Iglesia. 


Finalmente, Susana Nuin Núñez comenta que el valor “del diplomado, en singular, como modelo educativo para la paz”, y  de “los diplomados, en plural, como procesos educativos, cada uno con particularidades específicas”, radica, también, en la forma sinodal de concebirlo y encararlo, y en que se basa en prácticas de paz reales, con buenas incidencias y reflejos, ambos aspectos que robustecen la propuesta formativa:

En el CELAM habíamos dado cursos sobre resolución de conflictos, pero tal vez con propuestas educativas un poco más aisladas entre sí. Por eso, este diplomado nos pareció muy completo y acertado para abordar las realidades de todas las regiones de nuestra Latinoamérica, pues hacía falta esa integralidad, ya que entendíamos que era (y es) necesario fortalecer ese tejido y esa cultura que se requieren para la construcción de paz. Además, porque incluye la identificación y la acción para afrontar los conflictos, algo que tenemos que fomentar, pues nuestro continente está minado de situaciones inquietantes, de violencias leves  y profundas, de conflictos latentes y manifiestos. También, porque nuestra América es un continente que tiene sangre en sus venas, que llama a la unidad, la fraternidad y hermandad, para hacer frente a intereses que fagocitan los esfuerzos y que no permiten que esto de la paz coagule.


Yo no creo que el fin justifique los medios, sino que los medios y los fines van unidos; tienen que ser coherentes. Y este diplomado es coherencia, al estar hecho en sinodalidad, hecho con personas expertas que no solo miran la teoría, sino que miran y experimentan a diario la práctica, hecho con docentes y desde instituciones que han actuado y actúan en pro de la paz, ofreciendo una cosmovisión integral y novedosa.


El Futuro del diplomado: un alto en el camino para repensar la acción


En la actualidad, el ejercicio realizado está siendo evaluado para buscar nuevas posibilidades, renovar contenidos y estrategias, y dar impulso a las iniciativas diseñadas por los y las participantes, favoreciendo la colaboración interinstitucional. 


También, se está evaluando no solo hacer convocatorias abiertas a diversas personas, sino ofrecer el diplomado a equipos de trabajo de instituciones concretas, adaptándolo a sus necesidades y contextos, de tal forma que los resultados del proceso puedan trasladarse a proyectos que puedan ser gestionados, generando nuevos conocimientos. 


Del mismo modo, como explica la maestra Patricia:

Por una cuestión multiplicadora, deseamos formar formadores que puedan, en ciertos lugares, replicar el diplomado, con apoyo de materiales y medios que habría que crear para apoyar este proceso formativo. Además, como este proceso no solamente se queda en los conceptos, sino que se conecta a la gente, consideramos que vale la pena pensar en cómo potenciar aún más esa conexión al culminar la formación, y que las mismas personas que terminan uno de los diplomados puedan seguir participando (por ejemplo, compartiendo sus iniciativas con los nuevos estudiantes), para que se consoliden como nuevos formadores de la paz.


Los retos son muchos, pero mientras se reflexiona sobre cómo afrontarlos y cómo responder con una formación que reconozca los contextos cada vez más complejos, se observa con ilusión una nueva edificación que, tomando como referente al diplomado, se está llevando a cabo en Honduras, como lo explica Rosa: 


Estamos lanzando una nueva experiencia formativa, pero con docentes, en el campo de la educación formal. Eso, por ejemplo, representa una muy buena oportunidad porque implica centrar los contenidos y las actividades de enseñanza y de aprendizaje en el contexto escolar. Eso llevará a que las iniciativas se anclen en esa realidad, que propongan soluciones concretas, y nos compromete con ayudar a “aterrizar” mucho más el aprendizaje en un ámbito puntual. Y es que cuando son cursos abiertos, la diversidad de los y las participantes –en cuanto a sus ámbitos de acción y sus niveles de conexión con las instancias de la Iglesia– presenta el desafío de lograr ese nivel de “aterrizaje” plasmado en iniciativas viables. Pese a eso, algunas han logrado consolidarse, y eso es ya un gran logro.


En definitiva, el diplomado representa una oportunidad para quienes asumen el compromiso de propiciar, acompañar y gestionar procesos que, de forma sólida y potente, conlleven la prevención, atención y mitigación de los efectos de los conflictos y las diferentes formas de violencia. Una oportunidad para que personas artesanas de paz, en su labor pastoral, en el día a día, ayuden a cimentar una paz que se manifieste en espacios, prácticas y culturas de confraternidad y reconciliación, y que haga de los principios del Evangelio sus pilares. 


 

Junio de 2024

Por: Gloria M. Londoño Monroy

FICONPAZ

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