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Familias Fuertes

Metodología para formar familias integradas

y constructoras de puentes de paz
(Adaptación del programa con el mismo nombre, impulsado por la

Organización Panamericana de la Salud)

 

Con la finalidad de emprender acciones preventivas en asuntos de salud sexual y reproductiva, el consumo de sustancias psicoactivas y conductas de riesgo en adolescentes entre los 10 y 14 años, la Organización Panamericana de Salud (OPS) creó en 1996 su programa Familias Fuertes, orientado a adolescente, jóvenes, progenitores o tutores, adecuando a las realidades sociales y culturales de la Región de las Américas una propuesta denominada Iowa Strengthening Families Program, de la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.)

 

Pocos años después, OPS El Salvador llevó la metodología al país. Gracia a ello, la Hermana Marcos Hollywood, de la congregación Clarisas, trabajando en la parroquia María Madre de los Pobres, comunidad La Chacra y mediante la organización Fe y Alegría, conformó un equipo multidisciplinario y adaptó la propuesta a las circunstancias de su comunidad; así, acumulando experiencias por más de diez años, comenzó a usarse con finalidades adicionales: prevenir violencias al interior de los hogares y reconstruir tejidos familiares rotos por distintas formas de violencias generadas por la réplica y transmisión de patrones conductuales, culturales, sociales y hasta religiosos heredados desde hace siglos. Posteriormente, en 2012, Cáritas de El Salvador, con el apoyo de Catholic Relief Services – CRS, comenzó a integrarla a los programas con jóvenes en riesgo.

 

Así pues, la versión ampliada de Familias Fuertes, hoy presente en otros países de Centro y Suramérica, se aplica para lograr los propósitos definidos por la OPS y los de construcción de paz, facilitando que los miembros de distintos tipos de familias vivan la experiencia de “aprender a desaprender para aprender” nuevos vínculos y formas sanas de convivencia y afectividad. 

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Datos generales

Participantes

Miembros de diversos tipos de familias: padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas, cuidadores, cuidadoras, tutores, tutoras o adultos significativos; hijos e hijas adolescentes y jóvenes entre los 10 y los 26 años de edad aproximadamente.

Países en los que se ha desarrollado

  • La metodología de la OPS ha llegado a países como Chile, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Perú, República Dominicana. 

  • En El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y México ha tenido también la misión de la prevención de violencias en las familias. 

  • La ejecución en El Salvador ha sido en 61 parroquias de tres diócesis: Arquidiócesis de San Salvador, San Vicente y San Miguel.

 

Para aplicar en contextos

Comunitarios, escolares (con comunidades académicas) y eclesiales (en proyectos interdiocesanos, diocesanos, vicariales y parroquiales). Comunidades en riesgo y vulnerables.

Año de creación

1996 por parte de la OPS: metodología original, orientada a la salud y a la prevención de riesgos en familias con hijos adolescentes entre los 10 y los 14 años.

 

En la década de los 2000 por parte de la Hermana Marcos Hollywood, de la congregación Clarisas, y desde 2013 por parte de Gabina Dubón de García y Gilberto Antonio Hernández de Cáritas El Salvador: adaptación y enriquecimiento temático y metodológico, con un enfoque preventivo y de atención primaria de las violencias en las familias con hijos adolescentes y jóvenes.

 

Autor(a/es)

La metodología original original es propia de la Organización Panamericana de la Salud, entidad que adaptó para la Región de las Américas el programa original Iowa Strengthening Families Program (ISFP), desarrollado por la Universidad Estatal de Iowa (EE.UU.). La adaptación para su uso en la construcción de paz es fruto de la colaboración entre Fe y Alegría, Cáritas El Salvador, Catholic Relief Services – CRS y la misma OPS, entidad afiliada a la Organización Mundial de la Salud – OMS.

Entidades que la impulsan

Cáritas de diversos países, Catholic Relief Services – CRS, Fe y Alegría, Glasswing, Tejido Social Jesuita, entre otras organizaciones. 

 

Objetivos de Desarrollo Sostenible a los que aporta

La metodología contribuye al logro de varios objetivos. Entre ellos, el ODS No. 5 que busca lograr la igualdad de género. También, al ODS 16 en sus metas: Reducir significativamente todas las formas de violencia y las correspondientes tasas de mortalidad en todo el mundo; Poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia y tortura contra los niños; Garantizar la adopción en todos los niveles de decisiones inclusivas, participativas y representativas que respondan a las necesidades.

PUNTO DE PARTIDA

Necesidad y respuesta 

La sociedad es como un organismo vivo: sus células son las familias. Si ellas enferman, las comunidades no conseguirán el bienestar esperado para todos sus integrantes. Si ellas se relacionan de forma armónica o sanan sus dolencias y disfuncionalidades, será más fácil y viable lograrlo. Eso lo han demostrado numerosas evidencias científicas que muestran cómo los niveles de apoyo emocional y de participación de la familia se asocian a estados de salud física y mental de las y los adolescentes y jóvenes, así como a los índices de mortalidad y morbilidad. De ahí que para caminar hacia una paz viable y perdurable, es esencial trabajar con y por los miembros de los núcleos familiares.

 

Acorde con la comprensión de tal analogía, en la primera década del presente siglo, el programa Familias Fuertes de la OPS llegó a El Salvador en coordinación con los Ministerios de Salud, Educación y Defensa, siendo el primer país en Latinoamérica donde se puso en práctica; poco después, el Ministerio de Educación transfirió la capacitación a miembros de organizaciones no gubernamentales, como Fe y Alegría.

 

Mediante esta última organización, la Hermana Marcos Hollywood, de la congregación Clarisas, conformó un equipo multidisciplinario y adaptó la propuesta a las circunstancias de la comunidad de la parroquia María Madre de los Pobres, comunidad La Chacra; así, acumulando experiencias por más de diez años, comenzó a utilizarla con una finalidad adicional: prevenir violencias. 

 

En 2012, Cáritas de El Salvador, con el apoyo de Catholic Relief Services – CRS, implementó el proyecto Mi nuevo plan de vida, dirigido a jóvenes en riesgo que no estudiaban ni trabajaban y que expresaban que sus problemas radicaban, principalmente, en la desintegración familiar. Fue cuando se dio énfasis en la implementación de Familias Fuertes y, para ello, se contó con la entrega y disponibilidad de la Hermana Marcos, quien formó la primera generación de facilitadores y facilitadoras, y quien a la fecha sigue asesorando, cooperando y acompañando el proceso.

 

Los resultados han sido positivos y muy significativos, sobre todo con familias que necesitan acompañamiento incondicional para trabajar sus crisis, sus traumas, relaciones y proyectos de vida. Y justamente eso ha animado a extender la propuesta de Familias Dignas para la construcción de paz a otros países, gracias a esfuerzos de diversas instituciones.

“La familia es el lugar en donde se construyen

los proyectos y sueños de vida de manera consensuada, teniendo a la base principios y valores, y en donde la autoridad fundamental

es el respeto y la dignificación de sus miembros(…) En la familia está la clave para lograr la justicia, la reconciliación y la paz, rompiendo el círculo vicioso de las violencias.”

Cáritas El Salvador

Los principios

Familias Fuertes se sustenta en la Teoría del Cambio de Comportamientos y en el reconocimiento de que los vínculos que se generan en la familia, así como su funcionalidad, son primordiales en la salud física y mental de todos sus miembros, sobre todo si están en la etapa de la adolescencia; por tanto, también en la protección y la prevención contra violencias. También se afinca en los principios de la Iglesia católica y de las instituciones que impulsan la metodología.

 

Además, como se explica desde la OPS, tiene como pilares la Convención de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y el deber ineludible de tomar todas las medidas concernientes para atender los intereses superiores de ellos y ellas y orientarlos para que ejerzan sus derechos. El Programa Familias Fuertes, entonces, está basado en esta función central desempeñada por el apoyo de las familias usando un enfoque de derecho, género y participación.

La meta

Prevenir violencias y conductas de riesgo en las familias, a través de la promoción de una comunicación horizontal, asertiva y afectiva entre sus miembros adultos (padres, madres, cuidadores y otros familiares) y los miembros jóvenes y adolescentes (sobre todo), fomentando un entorno armónico de protección y desarrollo. 

Los objetivos

La adaptación de la metodología de la OPS a la formación de una cultura de paz, ha tenido como orientación la búsqueda de los siguientes objetivos:

  • Ayudar a los padres, las madres, los tutores y las tutoras, a aprender actitudes y habilidades de crianza afectivas y de relación familiar (proximidad y conexión emocional) que apoyen el desarrollo de sus hijos o hijas adolescentes y jóvenes (entre los 10 y los 26 años aproximadamente).

  • Enseñar a los padres, las madres, los tutores, las tutoras y demás familiares cercanos adultos, maneras efectivas de guiar y disciplinar a los hijos e hijas.

  • Brindar a los adolescentes y jóvenes orientaciones saludables para el futuro, para incrementar el aprecio por el esfuerzo de sus padres, sus madres, cuidadores y cuidadoras.

  • Enseñar a los hijos e hijas adolescentes y jóvenes, a asumir pensamientos y actitudes para enfrentar el estrés y la presión de grupo.

  • En contextos generalizados de violencia donde los jóvenes son especialmente vulnerables, contribuir a que los padres, madres o cuidadores generen espacios de protección para los hijos e hijas, en los que, además, se identifiquen y enfrenten situaciones de riesgo fomentando su autocuidado y autonomía. 

 

En Familias Fuertes se supera el concepto tradicional de lo que es una familia, tanto desde el punto de vista jurídico, como desde la visión sacramental. Por tanto, se evidencian y visibilizan las diferentes maneras como ahora está constituida una familia. No se riñe con principios y valores, simplemente se pone en el centro a cada persona con su propia realidad y se busca dignificarla, no importando su estado o condición.

La metodología original de Familias Fuertes consiste en siete sesiones (una por semana) dirigidas a padres, madres, cuidadores, hijos e hijas entre los 10 y los 14 años. En cada reunión se realizan actividades paralelas con las personas adultas, por un lado, y con las y los jóvenes, por otro; al final, se juntan para participar en actividades comunes. Para ello, se cuenta con manuales de enseñanza, videos que ilustran los diferentes tópicos y modelos para prácticas individuales y de grupo.

 

Con esos mismos parámetros se trabaja la metodología adaptada para la construcción de paz. Aunque el rango de edad de los participantes jóvenes a veces aumenta, llegando hasta los 26 años, aproximadamente, y aunque se respeta la estructura y el contenido que propone la OPS, la “tropicalización” del programa ha hecho aportes orientados a la fundamentación pastoral de la familia; a la profundización en derechos y deberes; a la comprensión de la justicia retributiva, restaurativa y transicional; a la promoción de la comunicación no violenta y la comunicación asertiva; al valor de las fuerzas vitales humanas y a la atención psicosocial. 

 

Los aportes han logrado complementar el proceso formativo y de intervención con familias, instituciones y credos que deseen implementar Familias Fuertes, pues la práctica ha demostrado que los asuntos añadidos han contribuido a la sensibilización de las familias participantes, así como a las personas que han sido formadas como facilitadores o facilitadoras. Ellos y ellas, en ningún momento, alteran o eliminan el contenido esencial del programa original; en primer lugar, porque su desarrollo forma parte de la introducción a todo; en segundo, porque lo que se busca es facilitar la relación entre los temas primigenios y la fundamentación pastoral y doctrinal. No obstante, sí lo complementan. 

Se realizan, entonces, un total de nueve sesiones iniciales y, tras ellas, un proceso de facilitación y acompañamiento a las familias:

 

En la primera parte de las sesiones de formación, las personas adultas trabajan por un lado y las jóvenes por otro; luego se hace una actividad conjunta, es decir, con todos los miembros de las familias participantes. Aparte, equipos voluntarios de formadores y adultos de la comunidad, acompañan a los niños y las niñas en espacios lúdicos y formativos, para que sus allegados puedan centrar su atención en los talleres.

 

Idealmente, cada adolescente y joven debe asistir con los adultos de su núcleo familiar cercano (ya sean ambos padres o aquellas personas que se hagan cargo de él o ella), para lograr mejores resultados.

 

Al finalizar la formación, tras la sesión de cierre, las familias pasan a formar parte de los Semilleros de Familias Fuertes, espacios de sostenimiento y enriquecimiento del proceso inicial. Incluso, en algunos lugares donde se ha aplicado, como resultado no esperado, se han generado lazos entre las familias participantes y una red informal de apoyo para la crianza entre padres, madres, cuidadores y cuidadoras. También han surgido emprendimientos sociales de impacto en la comunidad, por lo que es esencial continuar con el acompañamiento por parte de los facilitadores y facilitadoras y promover los encuentros periódicos de las familias formadas.

a. Temáticas

En los encuentros formativos iniciales se trabajan, semana a semana, los siguientes temas:

b. Intensidad

Los contenidos de las sesiones están diseñados de forma interactiva, dinámica y reactiva, para ser desarrollados en encuentros (siete sesiones durante igual número de semanas) de dos a cuatro horas. 

 

A su vez, el proceso completo puede llevarse hasta un año: seis meses para las las actividades de promoción, organización, desarrollo, clausura y evaluación de los aprendizajes, y otros seis para para realizar un seguimiento que garantice la sostenibilidad de los resultados y la consolidación de la transformación cultural en torno a cómo vivir la paz en la misma la familia.

 

c. Formadores(as) y facilitadores(as)

La implementación de Familias Fuertes se desarrollada en tres grandes etapas: la primera, de capacitación de formadores y formadoras; la segunda, de formación de facilitadores y facilitadoras (a cargo de los formadores y formadoras); y la tercera, de formación y acompañamiento a las familias (por parte de los facilitadores y facilitadoras).

 

En cuanto al perfil del equipo facilitador, se puede decir que debe estar formado por personas con estas características:

  • Experiencia como agentes de pastoral con experiencia en el manejo y facilitación de grupos.

  • Vocación para trabajar con familias (por ejemplo, en la pastoral familiar, juvenil, o encuentros conyugales y sociales).

  • Manejo de metodologías participativas, educación popular y pastoral.

  • Disposición a observar, escuchar, no juzgar y actuar.

  • Disponibilidad para hacer réplicas (probablemente en fines de semana o en horarios nocturnos).

  • Compromiso de asistir el 100% de los encuentros y de replicar los talleres. 

  • Interés por las metas y los objetivos del programa; compromiso de aprender, respetar y ponerlos en práctica. 

  • Por lo menos tener una formación académica básica. 

  • Capacidad de escucha activa, empatía y discreción.

  • Apertura a desaprender y reaprender. 

 

Por lo menos dos personas (previamente capacitadas para ello) deben formar al equipo de facilitación y este, a su vez, debe estar integrado por mínimo dos personas de cada parroquia, comunidad, institución o escuela. Adicionalmente, estas últimas personas deben contar con otras personas que auxilien en el cuidado de otros miembros más jóvenes de las familias que asisten a los encuentros, los niños y niñas, pues esta metodología no está adaptada, aún, para insertarlos en la formación. 

La capacitación para quienes realicen la formación o la facilitación (padres y madres de familia, líderes comunitarios, maestros o maestras de instituciones educativas, por ejemplo) se realiza mediante el desarrollo de un diplomado planificado expresamente para conocer y aprender a aplicar la metodología, o bien mediante talleres de tres días organizados por las instituciones que deciden implementar el programa, con apoyo de CRS y los equipos de Cáritas que lideran Familias Fuertes en los distintos países.

d. Estrategias 

La metodología sugiere diversos tipos de actividades, tales como la visualización de videos y el diálogo a partir de ello; juegos de rol, cine fórums, dramatizaciones, convivencias, murales y actividades culturales. Cabe señalar que, aunque cada sesión tiene su propia dinámica, orientada por un manual para las facilitadoras y los facilitadores, también se promueve la creatividad e iniciativa del equipo animador.

 

e. Recursos

La aplicación de Familias Fuertes no requiere de demasiados recursos materiales o elementos extraordinarios a los necesarios en cualquier proceso de mediación social con grupos. Se recomienda, eso sí, contar con: 

  • Dos salones o espacios separados, pues algunas actividades las sesiones de padres e hijos se desarrollan separadas.

  • Los medios necesarios y de apoyo para las actividades que se aconsejan es el Manual de las y los Facilitadores.

  • Equipos para visualizar los videos con los grupos. 

  • Los apoyos logísticos y los espacios para desarrollar las actividades lúdicas con los niños y niñas, para que puedan ser cuidados mientras sus familiares participan en las sesiones.

“No queremos que quienes deseen participar en equipo de formadores o facilitadores se asuman como ponentes, expositores o conferencistas; deben ser verdaderos dinamizadores de vivencias y experiencias. Como la misma palabra lo dice, deben facilitar la participación de todos los miembros de las familias y acompañar esa participación, tanto durante las sesiones formativas como durante su acercamiento a las comunidades para participar en ellas, pues de esta experiencia surgen nuevos procesos o proyectos y se fortalecen los ya existentes, por ejemplo, emprendimientos sociales que las familias desean poner en marcha en sus entornos.”
Gabina Dubón de García, Cáritas El Salvador

Familias Fuertes, en su versión original y en su versión adaptada, cuenta con los siguientes valores añadidos:

  • Es una intervención informada en evidencia: ampliamente sistematizada y analizada, lo que le otorga precisión, confiabilidad y consistencia. 

  • Interviene en diferentes niveles de influencia: incide no solo en el individuo sino en la familia, su entorno inmediato y en sus relaciones. También, en personas adolescentes, jóvenes y adultas que cumplen diversos roles dentro del núcleo familiar.

  • Responde necesidades sentidas y expresadas por padres, madres y las personas al cuidado de los adolescentes: generar espacios de protección para sus hijos e hijas; aprender a fomentar la autonomía de los jóvenes y mejorar las relaciones familiares, entre otras.

  • Considera las necesidades y los deseos de las y los adolescentes: como el mejorar la comunicación con su familia y el recibir manifestaciones de afecto.

  • Cuenta con un diseño pedagógico secuencial que genera conexión entre los temas y entre los miembros de la familia: esto conlleva a la integralidad de la propuesta formativa y propicia espacios familiares, a veces perdidos, para la convivencia, el diálogo, el establecimiento de acuerdos y el juego. 

  • Considera aspectos logísticos y prácticos que facilitan la participación de jóvenes y adultos: como la hora de las sesiones que toma en cuenta los horarios laborales y escolares. También hay apoyos para que miembros más jóvenes de la familia puedan ser cuidados mientras los otros participan en la sesión. 

  • Es independiente de credos: pese a que en varios casos la metodología ha sido dinamizada desde parroquias, no solo ha estado abierta a creyentes católicos sino a las familias, colonias y comunidades de sectores sin importar sus posturas religiosas.

  • Se caracteriza por su apertura a la pluralidad: lo que permite que cualquier tipo de familia se sienta respetada, valorada e invitada a participar.

 
 

Tal vez una de las metodologías con mayor grado de sistematización y de estudio para analizar su efectividad para el cumplimiento de sus objetivos es esta, puesto que la OPS y las entidades que la han implementado, especialmente Cáritas El Salvador, las Cáritas diocesanas y CRS, han desarrollado mecanismos y estudios para comprender lo aportes y limitaciones de las diversas experiencias. 

 

Desde la OPS: Se reconoce el aporte a la prevención del consumo de alcohol, tabaco y sustancias psicoactivas por parte de adolescentes. También la modificación positiva de conductas de riesgo entre adolescentes es notable. Incluso, se ha demostrado que sus efectos no son solo a corto plazo, sino que incrementan en el tiempo. 

Por parte de Cáritas y CRS: Se aprecia el fortalecimiento de los vínculos familiares y de la comunicación, la recuperación de la confianza, el diálogo y la disminución de las prácticas violentas. Los participantes han tenido la oportunidad de perdonarse y reconciliarse, contribuyendo así a hacer de la familia un espacio de convivencia y de construcción de paz. 

Se han realizado 10 encuentros de facilitadoras y facilitadores en El Salvador; generalmente, dos por año, aunque en 2020 y 2021, por la pandemia, se ha liderado uno por año. Además, en México se hizo uno en 2018 con la participación de representantes de El Salvador. 

 

En los adultos: Los impactos muestran un “despertar” sobre las carencias que tienen sus familias: generan espacios de encuentro y reconciliación con sus hijos e hijas, emplean estrategias para corregir sin agredir; establecen compromisos con un nuevo proyecto familiar; hablan sobre temas tabú y aprenden estrategias para afrontar situaciones difíciles. También empiezan a descubrir su independencia, pero en un marco de responsabilidad y sin sentir que eso significa alejarse del núcleo familiar. 

 

En los hijos e hijas: Reconocen mejoras en la comunicación con los adultos significativos, incluso para abortar temas tabú; aprenden estrategias para afrontar situaciones difíciles o las estrategias asumidas por los adultos para protegerlos; empiezan a descubrirse y valorarse al hablar de sus metas y aspiraciones; descubren posibilidades independencia, pero en un marco de responsabilidad y sin sentir que eso significa alejarse del núcleo familiar, y redescubren su familia como espacio de apoyo y seguridad en situaciones de riesgo. Se resalta que algunos jóvenes animan a otros adultos y a sus propios amigos para vincularse al proceso.

 

En maestros y maestras: Al aplicar la metodología en instituciones educativas, se ha logrado involucrar a los y las docentes y formarlos como facilitadores y facilitadoras, lo que les permite descubrir su papel y posibilidad formadora de padres, madres y acudientes de sus estudiantes. 

Mejoras en el proceso

En la actualidad se trabaja para potenciar los resultados, y para solventar algunas necesidades detectadas, tales como agregar estrategias formativas para afianzar la vivencia de la Equidad de Género desde la doctrina católica en la familia.

 

También, en algunas regiones de El Salvador, se ha logrado la creación de comunidades de práctica entre facilitadores y facilitadoras, lo que ha enriquecido aún más el proceso. Por eso, se trabaja en la idea de potenciar y unir a estas comunidades para reforzar la formación, facilitar el aprendizaje entre pares y lograr una mayor cohesión o sinergia de esfuerzos.

Así mismo, se busca retomar los Encuentros de Familias Fuertes que se realizaban antes de la actual pandemia (se hacían dos en el año), para reforzar la formación e identificar nuevas necesidades de formación.

“Nuestras experiencias en distintas parroquias nos ha permitido entender su aporte en términos de mejorar las relaciones al interior de familias, corregir todo tipo de violencias en las familias, aumentar la confianza, promover la integración familiar y la integración de jóvenes en la comunidad. También, en términos de comprender la importancia de la articulación entre parroquias, escuelas, instituciones, municipios y comunidades, creando verdaderos equipos interinstitucionales de facilitación, para obtener resultados más fuertes y perdurables. Incluso, ampliar desde la misma fundamentación pastoral de la Iglesia, el concepto de familia tradicional, conservador o ideal que a veces se asume, pues va más allá de un sacramento.”

Gabina Dubón de García, Cáritas El Salvador 

Recomendaciones 

Las experiencias de construcción de paz con familias han permitido obtener algunos aprendizajes útiles para quienes deseen implementar esta u otras metodologías orientadas a núcleos familiares. Algunas fundamentales son:

  • Los grupos deben ser pequeños, para dar tiempo a que los participantes hablen, dialoguen, participen. 

  • Por ningún motivo se debe omitir una sesión o tema durante la formación ni de los formadores y formadoras, ni de las familias. Tampoco se debe “mutilar” en la práctica el contenido total planificado para cada taller, dado que cada asunto y cada actividad aportan algo nuevo, sentido o fundamento a otros contenidos, y tienen una finalidad en el aprendizaje integral.

  • Hay que mantener la esencia de la metodología (en sus principios, metas y objetivos) si se inserta en un programa donde se interactúa con otras propuestas metodológicas. 

  • Por ningún motivo Familias Fuertes debe ser considerado como un proyecto corto o como un conjunto de charlas; es un proceso que requiere tiempo para la transformación y sanación personal, familiar, y como tal, hay que dimensionarlo, hacer seguimiento y acompañamiento a las familias una vez acabe su formación inicial.

  • Las sesiones deben adaptarse a los horarios de los miembros de las familias; por cuestiones laborales, escolares y de subsistencia se deben planificar los encuentros semanales, si es necesario, en horarios nocturnos o en fines de semana.

  • Es importante que el equipo de facilitadores y facilitadoras evalúe, al terminar cada encuentro, lo vivido en él. Dicha evaluación, reflexión debe quedar por escrito, y se debe promover la permanente sistematización.

  • También es importante promover la cualificación permanente de facilitadores y facilitadoras porque de ellos y ellas depende el éxito de la implementación metodológica; se debe promover, además, el aprendizaje entre pares, es decir, entre ellos y ellas.

  • Y finalmente, consideran esencial la gestión administrativa del proceso, lo que incluye buscar alianzas y apoyos interinstitucionales para garantizar la sostenibilidad de los procesos en las distintas comunidades y localidades. También, para que las familias se contacten y tengan apoyos de entidades que tienen responsabilidades con las comunidades y puedan ayudar a solucionar las necesidades familiares.

  • En el caso de procesos de Iglesia, hay que involucrar a las Pastorales de Familia y reforzar la fundamentación conceptual desde los mismos documentos eclesiásticos, para que los miembros de la misma institución iluminen su aceptación de las familias y de las condiciones humanas diversas.

“La familia es un espacio sagrado y, como tal, si una familia hace público sus problemas o dificultades, esa información debe ser tratada por los facilitadores y facilitadoras, especialmente, así como por las y los participantes, con total sigilo. Todos los miembros deben sentirse respetados en las sesiones; valorar y respetar las vivencias y sentimientos que surgen o se manifiestan en los encuentros. Ninguna familia debe sentirse encarada, estigmatizada, victimizada, ni con palabras ni con acciones o actitudes. Solo así se genera confianza en el proceso y se animan a la sanación, que es lo que finalmente se busca.”

Gilberto Hernández, Cáritas El Salvador

 

Además del Manual para el Facilitador de la OPS, durante la adaptación de la metodología se han creado diversos materiales. Entre ellos:

  • La Guía o ruta de implementación del programa: orienta la planificación, el desarrollo, el monitoreo y la evaluación; recoge en su esencia el proceso sugerido por la OPS, pero incluye algunos otros elementos que con la experiencia se ha logrado identificar como pasos necesarios para intervenir en los factores de riesgo y factores de protección con el mejor éxito posible. También incluye toda una fundamentación conceptual para equipos. pastorales, desde la Doctrina Social de la Iglesia. 

  • El manual del facilitador: detalla las diferentes actividades y tiempos de cada sesión. También el contenido expuesto por medio de los videos. A diferencia del manual de la OPS, este es menos técnico y emplea un lenguaje más amigable e interactivo, para que pueda ser también aplicado por agentes sociales comunitarios formados como facilitadores y facilitadoras. 

  • El manual de apoyo técnico: Incluye herramientas y técnicas útiles para la planificación e implementación de las sesiones.

  • Invitación a las prácticas restaurativas: para promover la reflexión bíblica de cada sesión o temas que orientan con una visión pastoral al inicio de cada encuentro. Además, ayuda a profundizar sobre algunas prácticas utilizadas para aplicar la disciplina en muchos hogares e ilumina para implementar prácticas restaurativas en la familia.

  • Siete videos que sirven para introducir temas o conceptos en los que se trabajará, dirigidos a las personas adultas que cumplen el rol de padre, madre o cuidador.

  • Dos videos orientados a la familia en su conjunto y que permiten comprender formas de interacción positiva.

  • Cartilla Cuentacuentos para semillero de Familias Fuertes

Testimonios de personas que han participado de "Familias Fuertes"

Una producción de Cáritas El Salvador

Quién puede implementar esta metodología

 

Entidades que desarrollen iniciativas de construcción de paz dirigidas a padres, madres, cuidadores y cuidadoras, hijos e hijas adolescentes, o bien, que deseen integrarla como un componente de intervenciones más complejas de prevención de violencia, construcción de paz, cohesión familiar y desarrollo comunitario.

 

Toda persona, entidad que desee aplicar esta metodología, solo requiere comunicarse con CRS o con Cáritas El Salvador para establecer una alianza estratégica que permita potenciar esfuerzos. 

 

CRS puede ofrecer capacitación, certificación y acompañamiento a los formadores, formadoras, facilitadoras y facilitadores, para implementar y expandir la metodología con la calidad técnica y el calor humano que se requieren. 

Gabina Dubón de García

Coordinadora de Pastoral Social

gdubon@caritaselsalvador.sv

+503 77476419 

 

Gilberto Hernández 

Educador y facilitador de Pastoral Social

ghernandez@caritaselsalvador.sv

+503 77476447 

 

Cecilia Suárez Trueba

cecilia.suarez@crs.org 

+52 1 55 3040 4383

 

Asesores

Gabina Dubón de García

Gilberto Hernández 

 

Fotografías

Cáritas El Salvador

 

Consultores

Gloria Londoño Carlos Henao

FICONPAZ

 

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