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Programa de Acompañamiento a Víctimas de las Violencias PAVV
Metodología para acompañar comunidades que sufren conflictos masivos o intercomunitarios

 

El mercado de drogas ilícitas ha dejado en las últimas décadas una crisis humanitaria mundial de alarmantes dimensiones, especialmente en países influenciados por la producción o las rutas de transporte para su comercialización. En ellos se cuentan por cientos de miles las personas que, año a año, son asesinadas, desaparecidas u obligadas a desplazarse de sus territorios. Esto se suma a otras prácticas o hechos de violencia que se estimulan con el macro y el microtráfico: uso de niños y niñas para mover la mercancía y armas, guerras entre grupos por el control, ineficiencia e indiferencia de las autoridades; estigmatización de las narrativas que responsabilizan a las víctimas de propia victimización; por la falta de solidaridad y empatía, revictimización por parte de algunos sectores sociales hacia las personas que se han visto obligadas a participar en las operaciones; xenofobia y muchas otras formas de violencia interpersonal e intercomunitaria que afectan todos los espacios de la vida pública y privada.

 

El Programa de Acompañamiento a Víctimas de las Violencias (PAVV), surgió, justamente, para atender y solidarizarse, en México y Centroamérica, con el creciente número de víctimas directas de este tipo de violencias masivas, así como con los familiares y las personas que tienen relación ellas.

 

El Programa se gestó en 2010, pero empezó a consolidarse de manera formal en 2012 por iniciativa de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social-Cáritas Mexicana, la cual acordó con la Arquidiócesis de Acapulco desarrollar una experiencia piloto y monitorizar los resultados en el Estado de Guerrero, contando con al apoyo de Catholic Relief Services (CRS) y la asesoría del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.

 

Hoy cuenta con una experiencia significativa en otros estados y en El Salvador.

Datos generales

 

Participantes

Víctimas directas o indirectas en contextos con altos niveles de violencia masiva o intercomunitaria, como aquellos influenciados por el narcotráfico o por conflictos armados. Solo en el Estado de Guerrero, México, más de 4.000 personas han sido acompañadas de forma directa entre 2012 y 2020, por ejemplo.

 

Países en las que se ha desarrollado

México y El Salvador.

 

Para aplicar en contextos: 

Religiosos o laicos; parroquiales o comunitarios.

 

Año de creación

2012

 

Entidades que la impulsan

Comisión Episcopal de la Pastoral Social-Cáritas Mexicana y Comisión Episcopal para la Pastoral Social-Cáritas El Salvador, en alianza con entidades nacionales e internacionales.

 

Autor(a/es)

Colaboración institucional entre la Comisión Episcopal de la Pastoral Social-Cáritas Mexicana (CEPS), la Arquidiócesis de Acapulco, Catholic Relief Services (CRS) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.

 

Objetivo de Desarrollo Sostenible al que aporta

No. 16 orientado a la construcción de una paz duradera y sostenible

PUNTO DE PARTIDA

Problema y solución

Los enfrentamientos armados, las violaciones a los Derechos Humanos y la lucha por el dominio de mercados ilegales, cueste lo que cueste, trae consigo, innegablemente, graves secuelas culturales, sociales, económicas y psicológicas en las comunidades; entre ellas, la destrucción de la cohesión y la confianza social, lo que genera nuevos ciclos de vejaciones y violencias. 

En respuesta a ello, en 2010, el sacerdote Jesús Mendoza, de la parroquia San Nicolás de Bari, Acapulco, Estado de Guerrero, al suroccidente de México, comenzó un proyecto para acompañar de forma empírica, a las familias de su parroquia ante alarmantes y numerosos hechos de violencia. El proyecto tomó tal fuerza que, para nutrirse de otras experiencias e irradiarse a otras comunidades, se transformó en el Programa de Acompañamiento a Víctimas de las Violencias (PAVV). Fue, entonces, cuando la Comisión Episcopal de la Pastoral Social-Cáritas Mexicana pidió a la Arquidiócesis de Acapulco desarrollar un piloto y monitorizar los resultados en el Estado ya mencionado, contando con el apoyo de dos entidades con gran trayectoria en construcción de paz: Catholic Relief Services (CRS) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana. Hoy, el programa es reconocido por sus prácticas significativas en Guerrero, otros estados mexicanos y, desde 2018, en El Salvador.


El PAVV ofrece, con base en la fe católica, herramientas pedagógicas útiles en ámbitos seculares, laicos y de otras religiones, para brindar un acompañamiento a víctimas directas o indirectas de hechos violentos masivos, de tal forma que se alivie o mitigue su dolor por medio de la propia experiencia y de la de quienes han logrado reconstituirse ante los estragos.

 
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Los principios

El PAVV se fundamenta en la fe católica y tiene centralidad en la integralidad de la persona.


Se basa en cuatro premisas surgidas de varias teorías del cambio social: 

  • Se acompaña a las víctimas para romper el círculo vicioso de la violencia.

  • Se acompaña a las víctimas como oportunidad de recuperar la verdad, mantener la memoria y trabajar por la justicia.

  • Se acompaña a las víctimas para fortalecer la capacidad de las comunidades parroquiales de responder a las consecuencias inmediatas de la violencia (victimización).

  • Se acompaña a las víctimas con un enfoque de construcción de paz.


En ello se reconoce que el dolor que no se transforma se transfiere, y que todo victimario alguna vez fue víctima. Por tal razón, acompañar su proceso de sanación y resignificación del sufrimiento rompe el perverso ciclo de la violencia. En otras palabras, se considera a las víctimas como sujetos clave para la transformación social, pues en ellas hay potenciales constructores de paz, que, en otros contextos como Sudáfrica, Guatemala y Colombia, han sido impulsores y promotores de procesos de reconciliación, verdad y de acuerdos de paz.

 

Las metas

  • El PAVV tiene tres metas centrales: una con respecto a las víctimas; otra, con las comunidades; y una más frente a quienes brindan acompañamiento.

  • En el primer caso, fomentar la reconciliación interna de las víctimas con Dios (o con su ámbito espiritual, sin importar su religión), con su historia de violencia y con sus semejantes; asimismo, su transformación como agentes de cambio personal y comunitario. 

  • En el caso de las víctimas católicas, además, crear una conciencia comunitaria eclesial en la que ellas mismas puedan volverse protagonistas de los diversos procesos de evangelización propuestos en la Iglesia, acompañando a otras víctimas.

  • En el segundo caso, fortalecer la resiliencia de las comunidades a través del fortalecimiento de sus capacidades para construir paz y acompañar a las víctimas. A la persona víctima, violentada por la comunidad y despojada de su sentido de pertenencia, la comunidad la abraza y reconstruye, arraigándola nuevamente, evitando que se vuelva en contra de sus otros integrantes. 

  • Y en el tercero, cualificar destrezas y habilidades en equipos técnicos y grupos de voluntarios para que puedan liderar procesos integrales y pertinentes de acompañamiento y formación con víctimas para el afrontamiento de las violencias y la promoción de la memoria histórica colectiva del conflicto, desde cuatro dimensiones: espiritual, pastoral, psicosocial y jurídica.

Los objetivos

  • Fortalecer las capacidades de los miembros de diversas comunidades que viven conflictos y situaciones de violencias masivas, para que puedan responder, de manera efectiva, resiliente y pacífica, ante los sentimientos de miedo, dolor, rabia e importancia de la violencia en la propia vida, con esperanza y nuevas metas para el futuro.

  • Ofrecer consuelo y posibilidades para que las víctimas directas o indirectas de las violencias masivas, se conviertan en agentes de cambio y transformación de su entorno cercano, familiar o vecinal.

  • Promover la posibilidad de actuar en búsqueda de justicia desde otras formas de exigencia que excluyen la revancha o el odio.

  • Profesionalizar a quienes brindan acompañamiento a víctimas de violencias, no en el sentido académico, sino en cuanto al desarrollo de conocimientos, habilidades, valores y actitudes que les permitan ser competentes para realizar sus tareas de acompañamiento con plena conciencia, delicadeza y lucidez, dado que la situación y el contexto de las víctimas son tan complejos y delicados que no admiten improvisaciones ni más daños. 

El PAVV parte de la capacitación de los y las acompañantes , sean miembros del clero

o religiosos consagrados, o bien hombres y mujeres de buena voluntad que, siendo

miembros de la comunidad cristiana (o de otras religiones), muestran el deseo

solidario de servir a quienes sufren por la violencia. Cada una de estas personas

pasa a denominarse en el programa artesano(a) de paz.

 

Ellos y ellas conforman unidades de trabajo reconocidas como equipos levadura,

tomando la metáfora utilizada por el profesor John Paul Lederach, especialista en consolidación de la paz internacional, de la Universidad de Notre Dame (EEUU):

que para lograr la paz, hay que formar levadura, esa masa capaz de fermentar y hacer crecer; que basta con disponer de personas dispuestas a ser parte de esa masa para a trabajar en red e impulsar la posibilidad de un cambio profundo, no importando su cantidad sino su voluntad.

La capacitación busca la cualificación de los artesanos y artesanas de paz para que sepan brindar un acompañamiento integral y profesional, de tal manera que la conveniencia de sus palabras y acciones cree un efecto multiplicador que gradualmente vaya posicionando en la sociedad la construcción de paz. Por ello, el PAVV se concibe como un modelo práctico, orientador y flexible, para que cada parroquia u organización, con sus propios recursos materiales y personales, dé respuesta a los apoyos y amenazas de su propio contexto. 

 

En la formación se abordan asuntos claves, como el manejo de las emociones, el fortalecimiento de la esperanza, la urgencia del consuelo, la elaboración del perdón, la sanación emocional y la recuperación de la memoria, entre otros. Se trata de que se reconozcan las necesidades básicas de las víctimas en contextos de emergencia, y que se tengan bases para reconocer los recursos  (espirituales, emocionales, relacionales, jurídicos, etc.) con que se cuentan y que pueden ser esenciales en el camino de la sanación integral. Para ello, es necesario participar en un taller planificado para tres días, preferiblemente consecutivos.

 

Superada la capacitación inicial (además de la permanente) que deben tener los y las acompañantes, se pasa a una segunda fase orientada a la atención de las víctimas. Para ello, el PAVV contempla once talleres que, en conjunto, componen una estrategia de acompañamiento psicosocial y espiritual que puede rendir frutos en la medida en que las víctimas van sanando sus heridas, se van fortaleciendo como personas y se van convirtiendo en protagonistas en los procesos de construcción de la paz.


Dichos talleres se complementan con otras actividades y espacios fundamentales, como las visitas domiciliarias y la atención psicosocial en los Centros de Escucha de la Arquidiócesis, espacios físicos concretos (una oficina, salón o consultorio) y seguros, ubicados en alguna zona del área de influencia de las parroquias focalizadas, donde las víctimas pueden ser consoladas y acompañadas. Además, para la comunidad católica, desde la dimensión pastoral, se realizan eucaristías, horas santas, procesiones, rosarios, vigilias y otras actividades vinculantes y sanadoras.

DÍA 1:

Se conocen los participantes y se crean vínculos de confianza, se presenta el Programa, se habla de las violencias y sus efectos, se comprende la diferencia entre el acompañamiento pastoral y el espiritual, y se adentra al enfoque social.

DÍA 2:

Se desarrollan habilidades de escucha y adquieren herramientas y destrezas para ofrecer primeros auxilios psicológicos.

DÍA 3:

Se abordan los temas del duelo, de la contención y el autocuidado como herramientas protectoras de los equipos levadura. También se prepara para un acompañamiento jurídico y para aplicar protocolos de seguridad.

a. Intensidad y espacios 

El proceso completo puede tardar entre 8 y 16 horas, según las características de cada grupo y su disponibilidad de tiempo. 


Se proponen 8 horas cuando los participantes han tenido previamente un mayor contacto e interacción, y 16 horas para grupos juveniles de base comunitaria considerando que estos necesitan más tiempo para trabajar ciertas dinámicas y construir confianza. En otras palabras: los contenidos deben adaptarse a los horarios y disponibilidad de las y los participantes, peor también a su grado de conocimiento previo. 

El acompañamiento espiritual, sin importar las creencias religiosas, porque facilita la sanación espiritual y fortalece los recursos espirituales necesarios, tales como la esperanza, el consuelo, la acogida de una comunidad y otros más, para hacer el camino de desvictimización.


El acompañamiento pastoral, porque las víctimas esperan de la Iglesia, de manera directa, ayuda espiritual en sus tiempos de crisis. De hecho, la violencia impacta en la vida espiritual al grado de poner en alto riesgo la vida de fe. 


El psicosocial, para atender emociones que se experimentan a partir de las vivencias de dolor, y las consecuencias que esto puede traer en la propia vida y en el entorno comunitario. Por lo mismo, urge el desarrollo de habilidades para reconocer las emociones, identificarlas, nombrarlas y significarlas de manera que se recupere el control; también para promover el perdón, que es la propuesta para quienes, habiendo sido agredidos, buscan restablecer la paz y sanar.

 

El jurídico, porque una necesidad básica en la construcción de paz es el reconocimiento de la verdad del hecho violento, pues sin ello no hay sanación ni justicia. Es necesario formar a los artesanos y artesanas para que orienten a las víctimas en el reconocimiento y expresión de su verdad y en hacerla parte de la memoria colectiva y pública. Generalmente, cuando se da un hecho violento, las autoridades construyen su “verdad” sobre el mismo, la prensa hace otro tanto, los victimarios hacen lo propio. Y solo la verdad de las víctimas aparece ausente. Las víctimas necesitan decir su verdad, hacerla pública para que sea reconocida para hacer un camino de sanación y de justicia.

El PAVV opera a través de las parroquias, que mediante Equipos Levadura Parroquiales (ELP), acompañan directamente a las víctimas. También existe un Equipo Coordinador (EC), contratado y con profesional multidisciplinario, que da capacitación y acompañamiento a los ELP. 

 

El EC asesora a los ELP en el diagnóstico, diseño, implementación y evaluación del acompañamiento de acuerdo con las necesidades, violencias y tipos de victimización de la zona parroquial. Los ELP acompañan a las víctimas basándose en la formación que han recibido y siguiendo protocolos de seguridad y autocuidado. 

 

El acercamiento inicial se da a través del acompañamiento pastoral mediante visitas a domicilio para acompañar el proceso de duelo a través de la oración, la escucha y el consuelo. Posteriormente, si la víctima lo decide, se canaliza hacia atención psicológica individual o se invita a talleres grupales de sanación, perdón y manejo de emociones. 

 

Además, se acompaña a las personas mediante intervenciones comunitarias, todas ellas con enfoque de construcción de paz, y a través de la documentación de casos, de talleres de memoria histórica, capacitación en derechos humanos y la promoción de procesos organizativos de colectivos de víctimas.

 

Aquellas víctimas que han pasado por el proceso de acompañamiento y sanación, más adelante, puede recibir la capacitación como acompañante y comenzar a integrarse a los ELP.

 

Claves

  • El programa no busca ni culpables ni inocentes; no es señalar o culpar, sino personas que sean sanadas.

  • El Programa no es solo para comunidades católicas, sino para todas aquellas que requieran acompañamiento integral.

  • La fortaleza del programa radica en la integralidad del proceso, la gratuidad del acompañamiento y el efecto multiplicador del mismo con otras víctimas.

  • El miedo de las víctimas a compartir las historias, a integrarse a un grupo, a recordar lo vivido, a ser señaladas, es tal vez el mayor reto en el programa; no obstante, el respeto, la escucha, la paciencia y la constancia son esenciales para superarlo durante el acompañamiento.

  • Los talleres del programa, por lo general, se orientan a adolescentes, jóvenes y adultos; los niños y niñas menores de 12 años se acompañan en los Centros de Escucha.

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La metodología empleada en el PAVV incluye unas directrices para orientar la evaluación de los talleres y de las otras actividades del programa.

 

  1. Las diversas experiencia san permitido establecer que las víctimas acompañadas han identificado seis logros fundamentales: 

  2. El acompañamiento les proporciona una comunidad de cuidado, una red solidaria de personas, entre ellas psicólogos, voluntarias y voluntarios, agentes de pastoral, párrocos y otras víctimas, que se preocupan por ellos y ellas, y también por quienes cuentan para no sentirse solos. Además, les ofrece un lugar seguro en el que sienten confianza en quienes las acompañan, que se les garantiza no ser juzgados y confidencialidad. 

  3. El PAVV genera las condiciones en las que pueden hablar y desahogarse, en el que su voz  es escuchada y en muchos casos es recuperada y potenciada. Quienes los acompañan les ofrecen un trato dignificante que en todo momento es incondicional y gratuito. Todo lo anterior les permite iniciar procesos de sanación al trauma generado por violencia.

  4. Las víctimas acompañadas experimentan mejoras en su bienestar físico y emocional, así como en sus relaciones sociales y familiares. Restauran la confianza en su entorno social y en sí mismas, y su capacidad de reponerse frente a la violencia. También reportan salir del aislamiento y recuperar su propósito de vida. 

  5. El PAVV contribuye a la prevención de nuevas violencias, pues las víctimas acompañadas procesan su dolor y manejan mejor sus emociones, lo que les ayuda a no perpetuar el ciclo de violencia a través del daño autoinfligido (suicidio, adicciones), el daño a sus círculos más cercanos (violencia familiar) o a través de la venganza. 

  6. En algunos casos, las víctimas acompañadas, al recuperar su propio agenciamiento y reconocerse como sujetos de derechos, han decidido resignificar su sufrimiento y canalizar sus energías en asumirse como sujetos de transformación social y acompañar a otras víctimas o convertirse en líderes de procesos organizativos como colectivos de víctimas u organizaciones civiles. 

  7. Adicionalmente, algunas comunidades donde el PAVV ha sido implementado cuentan con nuevos factores de resiliencia como los equipos levadura parroquiales capacitados para acompañar a las víctimas, los colectivos de víctimas que son recursos con los que cuentan para afrontar la violencia en sus comunidades.

 

“Odiaba a la gente… y a mí misma, me sentía culpable (…) dejé de comer, me olvidé de mis otros hijos, quise matarme en muchas ocasiones. Cuando me lo arrebataron (a mi hijo), murió una parte de mí… me preguntaba ¿por qué? Él no merecía morir así (…) Como al mes (de iniciar el acompañamiento) empecé a no maldecir… dejé de pelear con mi esposo y me acerqué a mis hijos (…) antes del grupo de víctimas no hablaba con nadie porque da mucho miedo. Ahora me siento con más fuerza, me siento feliz porque, aunque aún me duele la ausencia de mi hijo, trato de caminar con ella. Hoy mi propósito de vida es proteger a mis hijos, amarlos. Ya no me quiero morir. Hace mucho que no voy al panteón, porque sé que ahí no está mi hijo. Él está conmigo, todos los días.”

Víctima de Acapulco

El PAVV ha documentado su experiencia a través de cuatro libros y una serie de documentos que recapitulan los antecedentes contextuales; las motivaciones para responder a la violencia imperante y cruel que se instaló en el estado de Guerrero; las estrategias de capacitación; los principios teóricos que desde la fe católica y otras disciplinas como la psicología y la sociología han abonado a esta propuesta, y los impactos en las comunidades atendidas.

 

  • Arquidiócesis de Acapulco Cáritas Mexicana, Cáritas Acapulco, CEPS, Fe y Compromiso Social y Catholic Relief Services (año). Guía conceptual introductoria. Fundamentos teórico-metodológicos del PAVV. PPC Editorial.

 

  • Arquidiócesis de Acapulco Cáritas Mexicana, Cáritas Acapulco, CEPS, Fe y Compromiso Social y Catholic Relief Services, PPC Editorial (2021). Guía de formación para acompañantes de equipos levadura. PPC Editorial.

 

  • Arquidiócesis de Acapulco Cáritas Mexicana, Cáritas Acapulco, CEPS, Fe y Compromiso Social y Catholic Relief Services, PPC Editorial (2021). Guía de formación para artesanos de paz, base de la transformación social: preparándonos como acompañantes. PPC Editorial.

 

  • Arquidiócesis de Acapulco Cáritas Mexicana, Cáritas Acapulco, CEPS, Fe y Compromiso Social y Catholic Relief Services, PPC Editorial (2021). Guía para la implementación de talleres y actividades con víctimas de violencia. PPC Editorial.

 

Labor de Cáritas Acapulco​

Documental sobre los inicios de la atención a víctimas de las violencias de donde nace el Proyecto Ampliado de Construcción de Paz, desarrollado en las regiones de Acapulco, Costa Chica y Costa Grande de Guerrero, además de compartir la experiencia en otros estados y países para contribuir a la construcción del reino de Dios.

María Elena Valente Díaz 

Coordinadora del Programa de

Acompañamiento a Víctimas de las Violencias

Tel: +52 4830563 Ext. 107

pazacapulco@hotmail.com 

Quebrada #16 Col. Centro CP 39300

Acapulco, Guerrero, México 

 

Asesora 

María Elena Valente Díaz

 

Fotografías

Cáritas Acapulco

FICONPAZ

 

Consultores

Gloria Londoño • Carlos Henao

FICONPAZ

 

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