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Paz territorial:
Modelo eclesial de transformación de conflictos  desde la base social

 

El conflicto armado colombiano, agudizado en las últimas décadas del siglo XX por los enfrentamientos entre grupos al margen de la ley y las fuerzas del Estado, así como por el auge de fenómenos como el narcotráfico, ha sido catalogado como uno de los que continúan abiertos, de carácter interno, más cruentos y largos de la historia reciente de la humanidad. Su gestión ha sido objeto de innumerables esfuerzos, programas, proyectos, iniciativas, prácticas e inversiones para prevenir y mitigar los efectos de múltiples violencias enraizadas en la sociedad, tratando de conseguir, con diversos modelos de intervención, cambios positivos y perdurables que hagan posible un entorno general de convivencia y relacionamiento pacífico.

 

El Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana (SNPS-CC), un organismo eclesial sin ánimo de lucro, dependiente de la Conferencia Episcopal, ha sido una de las instituciones representativas en el país en el trabajo por la verdad, la reconciliación, la justicia y la caridad, para aportar al desarrollo humano, sostenible y solidario, sirviendo a la sociedad en la formación de comunidades capaces de enfrentar y transformar su realidad social, teniendo como fundamento el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Aquí se resume el modelo metodológico que guía todos sus esfuerzos desde hace más de 20 años, para lograr la reconciliación desde la base social, de abajo arriba, es decir, desde lo personal hasta lo estructural, con un enfoque territorial de construcción de la paz, desde el microcontexto hasta el mesocontexto social. 

“En primer lugar, la reconciliación promueve un encuentro entre la expresión franca de un pasado doloroso y la búsqueda de la articulación de un futuro interdependiente a largo plazo. En segundo lugar, la reconciliación proporciona un punto de encuentro para la verdad y la misericordia, donde está ratificado y aceptado que se exponga lo que sucedió y se cede en favor de una relación renovada. En tercer lugar, reconoce la necesidad de dar tiempo y espacio a la justicia y la paz, donde enmendar los daños va unido a la concepción de un futuro común”. Lederach (2007, p. 65)

Datos generales

 

País(es) en el que se ha aplicado:

Colombia, y desde allí se ha transferido a diversos países de Centroamérica y El Caribe.

 

Para aplicar en contextos específicos:

Comunitarios en diversos contextos rurales o urbanos.

 

Año de creación:

El modelo se consolidó en 2009 a partir de las experiencias emprendidas desde el año 2000; desde entonces se aplica, revisa y mejora en proyectos de construcción de paz.

 

Entidad que la impulsa:

Secretariado Nacional de Pastoral Social -Cáritas Colombiana (SNPS -CC), con apoyo de la red Cáritas de diversos países del mundo, en especial Cáritas Noruega, y de entidades como SELAC, Catholic Relief Services-CRS/Colombia, la Fundación Instituto para la Construcción de la Paz – FICONPAZ y USAID, entre otras.

 

Autores:

Equipo interdisciplinario liderado por Rosa Inés Floriano Cadena (SNPS-CC), con acompañamiento especial de Jennifer Vargas Reina (FICONPAZ) y Wilmar Roldán Solano (teólogo, docente de la Pontificia Universidad Javeriana).

 

Al comenzar el año 2000, en medio de los diálogos y negociaciones entre el gobierno del expresidente Andrés Pastrana y las guerrillas FARC-EP (enero de 1999 a febrero de 2000), el SNPS – CC comenzó a revisar su propia trayectoria y su modelo filosófico, teológico y de acción pastoral con el propósito de aportar al desarrollo humano y a la construcción de la paz, a partir de la formación de comunidades capaces de enfrentar y transformar su realidad social, teniendo como fundamento el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia. Aquello llevó, en el marco de un convenio entre la Conferencia Episcopal y la Organización de las Naciones Unidas, a repensar el rol que hasta entonces había tenido la Iglesia católica en el conflicto, y cuál debería cumplir ante un eventual posconflicto, llegando a la conclusión de que llegase o no aquél, se debía enfocar toda la gestión hacia el hacer posible la “reconciliación”.

El primer paso fue comprender ese intrincado concepto, qué significados puede dársele y, sobre todo, cómo se quería interpretar desde SNPS – CC, pues ello sería base del rediseño de su modelo de mediación.  Para ello, con el liderazgo de Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, su director nacional, se impulsó un diálogo interinstitucional con diversos actores nacionales e internacionales mediante la realización de debates públicos en diversas zonas del país, y un congreso de reconciliación con la participación no solo de la ONU, sino también de la Red Católica Mundial de Paz y del estadounidense John Paul Lederach, experto en resolución y mediación de conflictos, quien como impulsor de la Teoría de Transformación Social de los mismos, dio su luz para asumir la reconciliación como la restauración y reconstrucción de relaciones humanas entre los distintos niveles de sociedades divididas, facilitando las interacciones positivas. 

Con la orientación de Lederach, el segundo paso fue definir cómo y hacia dónde caminar para hacer posible esa reconciliación, centrándose en tres estrategias:

  • Buscar la reducción de polarizaciones insanas sobre la gestión del conflicto armado, en la población de un mismo nivel o escala social (tejer relaciones horizontales y generar capacidades para la convivencia) y, simultáneamente, entre poblaciones de distintos niveles.

  • Trabajar para la cimentación de capacidades estratégicas en la misma Iglesia, y 

  • Reconfigurar el modelo de intervención o mediación social en el campo de la construcción de paz en Colombia, para optimizar todos los esfuerzos y conectarlos de manera intencional, tomando como base un enfoque territorial de abajo arriba.

 

Para ello, se diseñaron y se pusieron a prueba desde el mismo año 2000, cuatro experiencias piloto en distintas regiones del país, que empezaron a dar frutos entre 2004 y 2008, todas ellas distinguidas por el enfoque territorial, es decir, centrado en el trabajo a mediano y largo plazo, pero con metas muy específicas a corto, con la población de un espacio geográfico y cultural determinado, para solucionar necesidades y problemáticas específicas de forma consensuada y participativa, llevando a encontrar efectos cualitativos rápidos que les permitan interactuar de forma positiva y comenzar a reconstruir la confianza entre sí.

 

Un ejemplo es el que se inició en Guadalupe, Huila, que aún persiste tras 21 años, con muy buenos resultados: se buscó generar con todos los sectores políticos, económicos, culturales y de liderazgo comunal, y con miembros de la comunidad de base organizados en lo que se llamó “organismos levadura” (concepto que más tarde se replicó en diversas metodologías de construcción de paz en Centroamérica y El Caribe), un plan a 15 años que permitiera transformar las causas locales del conflicto, encontrando puntos comunes que permitieran, pese a las diferencias entre los habitantes del territorio, caminar juntos hacia unas metas comunes que, a corto plazo, mejorarán la convivencia y el bienestar social en el municipio, mediante microproyectos de iniciativas productivas o culturales. De esa forma la población comenzó a reestablecer lazos de vecindad.  

 

Más adelante, en el año 2009, con la observación de diversos organismos internacionales que cooperaban con la Iglesia católica en ese momento, se analizaron los aprendizajes logrados en tales experiencias para entender, a partir de la práctica, lo que implicaba ese “enfoque territorial”, y para redefinir con las Cáritas del mundo que ofrecían sus recursos a Colombia, especialmente con Cáritas Noruega, cómo optimizar y fortalecer los esfuerzos eclesiales para construir paz en el país de forma muy concreta, llegando a una conclusión: 

“Los proyectos con enfoque territorial, a pequeña escala y a largo plazo, aunque con metas concretas a corto y mediano plazo,  son más convenientes, pertinentes y efectivos que los megaproyectos de construcción de paz, pues evitan que se dispersen los recursos, se facilita medir de forma más detallada los resultados y, sobre todo, permiten lograr la reconciliación social de “abajo arriba” (de la base de la comunidad hacia los otros niveles estructurales de la sociedad; desde los niveles más bajos hacia los más altos), modificando desde la raíz las culturas y las dinámicas de las relaciones en la cotidianidad, sin percibir que hay imposiciones de expertos, de clases dirigentes o de grupos de poder. Además, surten mejores efectos en el empoderamiento de las personas y en la generación de confianza, aparte que permite que los microproyectos e iniciativas realmente sean viables, perduren y se consoliden en el tiempo. Además, empoderan a las personas y comunidades, cambiando ideas asistencialistas tradicionales por la autogestión.”
Rosa Inés Floriano Carrera (SNPS-CC)

Tal conclusión es la que ha orientado, desde entonces, el modelo de mediación social y gestión de la paz para la reconciliación que se aplica en los programas y las iniciativas que organizan y lideran desde la SNPS – CC, no solo en Colombia sino, incluso, en otros programas y proyectos que esta instancia de la Iglesia ha acompañado en el triángulo norte de Centroamérica y en El Caribe, para irradiar lo aprendido a partir de la experiencia. 

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“Este modelo de construcción de paz territorial partió de proponer a los Obispos y a los directores de las Pastorales Sociales, en cuatro territorios elegidos para los proyectos iniciales, la creación de unas especies de ´escuelitas locales de construcción de paz´ en las que se pudiera experimentar cómo hacer posible esa edificación de la reconciliación de ´abajo hacia arriba´, y llevar a realidades complejas, de forma muy concreta, los postulados de la Teoría de Transformación Social de Conflictos de Lederach. Esos cuatro territorios fueron seleccionados por no haber funcionado allí iniciativas de paz anteriores, y por tener una conflictividad tan difícil y crítica que pareciera imposible sembrar y germinar la semilla de la paz. Se trataba, entonces, de que entre todos y todas cosecháramos los aprendizajes en esas experiencias extremas (…)  y que nosotros, como organización responsable del modelo, pudiéramos entender, en contextos de alta complejidad, cómo podría funcionar un método de rédito cualitativo rápido orientado a la reconstrucción de lazos de confianza y de capacidades comunitarias para la convivencia y la resolución de conflictos. Los resultados positivos comenzaron a verse en poco tiempo, por lo que desde entonces seguimos aplicándolo.”  

Rosa Inés Floriano Carrera (SNPS- CC)

 

La sistematización de las experiencias iniciales y posteriores, aplicando el enfoque territorial, ha llevado a configurar un modelo que se puede aplicar a cualquier proyecto de mediación social para la reconciliación, o con cualquier otro propósito ligado a la construcción de paz en lugares con conflictos armados prolongados.

Dicho modelo se basa en las teorías de Lederach, quien sugiere que para reconstruir las relaciones en comunidades donde la animosidad está profundamente presente, y donde persisten el miedo y estrictos estereotipos, “la construcción de la paz debe estar arraigada en las realidades subjetivas y empíricas que determinan las necesidades y expectativas de las personas y responder a esas realidades”, superando el paradigma de que la solución de conflictos debe centrarse en la diplomacia de estado para luego bajar al resto de la sociedad (2015, p. 59).

Tal experto propone, entonces, una práctica de la reconciliación por etapas, en espacios que faciliten que las partes se encuentren, se conecten como personas, expresen abiertamente sus sentimientos y reconozcan su futuro compartido. A diferencia de otras propuestas de construcción de paz, propone privilegiar un enfoque de abajo arriba, como se ha hecho con éxito en países como El Salvador, Etiopía o Somalia, en los que prima la diplomacia, sino el promover de forma progresiva encuentros informales en las comunidades, basados en las tradiciones de la población, para desde ahí encontrar mecanismos no violentos de expresión y tratamiento de conflictos,  e ir preparando a cada persona y a los grupos sociales para rehacer las relaciones rotas (antes de que eso se logre en los niveles institucionales y estructurales); reestablecerlas como parte de la solución y asumir lo que implica una paz sostenible. Eso permite aumentar las capacidades y aptitudes individuales transformadoras, en primera instancia, hasta llegar a las colectivas.

 

Tales escalas, sugiere el autor, se deben desarrollar, entonces, en cuatro momentos propios en la atención de conflictos: Intervención en la crisis (acción inmediata), Preparación y formación (Planificación a corto plazo, 1-2 años), Diseño del cambio social (Reflexión a una década vista, 5-10 años) y Sistema/relación - Objetivos y redefinición (Visión generacional, mayor a 20 años).

 

Esos momentos se han traducido en el modelo el SNPS – CC, sugiriendo que cada estrategia de intervención debe incluir cuatro pasos consecutivos, de acuerdo con cada realidad:

En cada una de ellas se sugiere trabajar el relacionamiento desde lo micro social hasta lo macro y meso social, por niveles o escalas, así: 

En el primer nivel, el personal, se establecen los cambios en y para la persona teniendo en cuenta sus diversas dimensiones: espiritual, emocional – afectiva, intelectual, perceptiva, etc. 

 

Posteriormente se escala al peldaño comunitario, en el cual se proponen unos cambios en las relaciones y en el entorno social más inmediato que influye sobre la persona. Relaciones en la familia, grupos de socialización, la parroquia, la comunidad, etc. 

 

Tras eso, sí se puede comenzar a trabajar en lo organizacional, esto es buscar cambios en las relaciones de interacción social de instituciones y grupos organizados formalmente para la representación y búsqueda de intereses colectivos a nivel local y regional: relaciones entre organizaciones comunitarias de base, organizaciones de la sociedad civil, entidades gubernamentales y estatales del orden local, etc. 

 

Y al conseguir las metas del nivel anterior, es posible pasar al nivel estructural: se refiere a los cambios esperados en aquellos espacios donde se toman decisiones que repercuten sobre las condiciones y relaciones históricas que afectan a la sociedad en su conjunto. 

 

Tal modelo invierte los dos últimos peldaños con respecto a la propuesta de Lederach, en su Teoría de Resolución de Conflictos; la modificación responde a que se han encontrado mejores efectos al comenzar por lo comunitario antes de pretender afectar lo estructural, pues lo comunitario implica cambios en los modelos mentales y culturales del ejercicio del relacionamiento humano, lo cual es necesario para afectar las estructuras macro de la sociedad en general. 

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Teniendo en cuenta el enfoque territorial, esos momentos y niveles de abajo arriba, la propuesta del SNPS – Cáritas Colombiana contempla la formación de las personas que participan en sus proyectos como formadores y acompañantes de las personas y comunidades, para que todo el equipo comprenda la fundamentación del modelo, su buena puesta en práctica y cómo evaluar y articular los resultados para avanzar en los niveles. Para ello, se ofrece un diplomado con los siguientes componentes:

 

Módulo 0: Desestructurar todo aquello que creemos aprendido y hacernos comunidad de aprendizaje

El primero de los módulos se denomina Hacernos comunidad de aprendizaje, y está compuesto por dos momentos claves de formación denominados Des-aprender para aprender y Dignidad humana y bien común: puntos claves de la Pastoral Social transformadora.


El primero se orienta a desaprender para aprender a aprender de forma individual y grupal, a construir unos principios de aprendizaje y a romper esquemas. Ello conlleva convencer a las y los participantes de que la transformación de cualquier situación problemática es posible solo cuando se asume una actitud de aprendizaje, de rompimiento de esos esquemas “cuadriculados” con los que se ha crecido y que se han arraigado como dogmas o verdades inamovibles en los pensamientos por todas las situaciones y dolores ocasionadas por los conflictos; dogmas que sustentan las polarizaciones sociales insanas. 
 

En este momento, entonces, es cuando quienes participan se asumen como una Comunidad de Aprendizaje: esto implica entender que no se trata de que “la Pastoral Social va a llegar a enseñarnos algo o a hacer algo por nosotros”, sino de que ellos y ellas deben aprender por sí mismos, sobre una práctica  comunitaria reflexiva, para identificar cuáles cosas funcionan, cuáles no y por qué, en ese esfuerzo de reconstruir sus relaciones. 

 

El segundo momento es de fundamentación bíblica y doctrinal para entender cómo la Iglesia asume la posibilidad de transformar positivamente los contextos sociales específicos, como destino o fin último de la evangelización, sin divorciar el campo de la fe del campo de la convivencia social.  Por tanto, es cuando se redescubre y resignifica la misión transformativa de la Iglesia y el concepto del Bien Común, en función de construir la paz y justicia, tomando como punto de partida la “dignidad humana”, una dignidad que lleva a procurar que ninguna de las acciones que se realicen para cambiar una situación, hagan daño; a que cada sujeto se asuma como transformador de la realidad y no como un espectador a la espera acciones mesiánicas o que un actor armado o que el gobierno de turno haga algo por solucionar un problema de una comunidad.  

 

Es, entonces, en ese segundo momento, cuando se procura que cada participante asuma una espiritualidad social, una espiritualidad de comunión, y se reconozca como actor clave en el escenario central de la reconciliación, capaz de leer la realidad desde la perspectiva del relacionamiento (de la relaciones humanas y sociales, económicas, políticas, ambientales, etc.) con el objetivo de cambiar y mejorar una situación concreta, y no de culpabilizar, pues el cambio empieza desde cada persona.

 

En esta etapa, el acompañamiento que se les brinda desde las instituciones eclesiásticas que  acompañan el proceso es de fundamentación, para que se reconozcan los elementos que posibilitan el desconfiar de todo lo que parece obvio,  para lograr desprenderse de esas posiciones rígidas sobre las que se quiere y se cree tener el estricto control, y para dejar de creer que “alguien experto es el que tiene que venir a decirnos qué debemos hacer”. Por tanto, se brindan orientaciones para que los y las participantes retomen la confianza en que pueden ser, por sí solos, observadores de su propia práctica comunitaria, que pueden aprender de ella y que pueden emprender acciones de transformación en sus entornos.

 

 “Al final de este momento, las personas que se forman vislumbran que nosotros vamos a acompañar el camino durante un tiempo corto que les permitirá ganar confianza en su potencial transformador, pero que quienes deben convertirse en agentes de cambio de su realidad son ellos y ellas”, explica Floriano, del Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana.

Módulo 1: Comprender desde el Evangelio que sí es posible la transformación  y las implicaciones prácticas que esta conlleva

 

Este segundo módulo, denominado Comprender la lógica del Reino, aborda principalmente dos asuntos: por qué sí es posible la transformación desde una lectura pastoral de la realidad y desde problematizarla en una práctica participativa y crítica, y las implicaciones prácticas de la transformación, abordando en este último los niveles que implica, la construcción de paz como enfoque de la transformación, la no-violencia y la interdependencia en la construcción de relaciones,  y los elementos metodológicos para la proyección de iniciativas de transformación social.

 

Por tanto, este segundo paso en la formación está pensado para que las y los participantes  aprendan a leer y problematizar la realidad desde la esperanza, desde la convicción de que sí es posible modificar las relaciones y las situaciones de forma participativa y crítica, levantar la mirada más allá de la crisis para reaprender a soñar el futuro, dado que lo primero que mata la violencia es la capacidad de soñar, de situarse en prospectiva para encaminar las propias acciones hacia esa realidad esperada y anhelada, entendiendo que el cambio empieza desde cada persona.

 

Así pues, se empiezan a analizar las implicaciones prácticas de la transformación, cómo ocurre y cómo es posible entendiendo los niveles desde los cambios relacionales personales, comunitarios, institucionales y culturales-estructurales. Es entonces cuando se abordan los modelos de vida personales y cómo estos se articulan con los modelos sociales, políticos y económicos en el último nivel. A partir de ahí se hace más explícito que el resultado o el efecto natural de una buena evangelización debe ser la convivencia armoniosa de los seres humanos, cimentada en la base de una justicia social como la paz duradera.

 

Se finaliza este módulo abordando los elementos metodológicos para la proyección de iniciativas de transformación social, comenzando por el diseño de los planes de vida de las comunidades a largo plazo. Se define, entonces, qué cambios relacionales se quieren lograr a corto y mediano plazo en el nivel personal, luego en el comunitario, después en las instituciones y, por último, en el nivel extremo estructural. Eso abarca el establecimiento de objetivos, fases, actividades, metas y estrategias, siendo ahí cuando nacen las iniciativas.  

 

“Esto es un hito histórico de la Pastoral Social porque los proyectos venían ya formateados, predefinidos, impuestos por las organizaciones o instituciones; ahora la condición es que los planes de vida son los que nos dicen bajo qué estrategia vinculante va a ir construyendo la convivencia. La estrategia en sí misma no es un fin, sino que nace como producto de ese plan de vida. Por tanto, ahora son las mismas personas y comunidades quienes nos dicen qué quieren trabajar, y es eso lo que nos lleva a buscar la financiación para esas iniciativas que surgen de los planes de vida”, explica Floriano. 

Módulo 2. Asumir como apuesta la promoción de la dignidad de las personas para lograr el desarrollo humano integral y solidario

 

El módulo siguiente se denomina en el plan de formación La transformación social, consecuencia de la evangelización, e incluye, como en módulos anteriores, dos submódulos: uno conceptual dedicado a dimensionar qué significa la dignidad humana y cómo se puede promocionarla, y otro más operativo dedicado a las implicaciones de cada etapa de la transformación que es necesaria para la construcción  de paz, desde el momento cero, que es el de respuesta solidaria rápida ante una crisis hasta llegar al momento último, planificar con las comunidades cómo acercarse a un futuro deseado basado en el bien común y buscar la gestión de sus planes de vida.

 

Es, entonces, cuando se reconoce la apuesta del modelo: lograr un desarrollo humano integral y solidario, donde prime la equidad entre hombres y mujeres, desde una pastoral orgánica de cara a las necesidades de las comunidades que se acompañan.

 

Y también, es cuando se empieza a cambiar la idea de que trabajar por la construcción de la paz y la reconciliación, se logra con proyectos aislados, para pensar más bien en procesos más amplios en los que los proyectos se articulan y se apoyan entre sí, desde un enfoque de acción sin daño, para actuar desde el mismo momento de la atención de la crisis hasta llegar a la estabilización y a la proyección como comunidad en torno al bien común.

 

“Cómo llegamos a hacer de los proyectos específicos componentes y resultados parciales de un proceso macro, es ayudar al equipo de formadores y formadoras, y por medio de este a los miembros de una comunidad, a entender la complejidad de la transformación social: que no son respuestas simples y puntuales las que cambian la realidad de una comunidad, sino respuestas complejas las que solucionan los problemas complejos. Para ello mismo, buscamos mostrarles la complejidad de una manera amigable que les ayude a dimensionar que no es solo recibiendo talleres como van a cambiar el curso de sus dificultades, sino que requieren emprender procesos que pueden tomar más tiempo, pero que pueden traer cambios graduales más sólidos y significativos; por tanto, buscamos que sean ellos y ellas quienes piensen como grupo qué cambios quieren hacer a corto y a mediano plazo, pero teniendo la vista en el largo, ganando poco a poco la confianza en sus capacidades transformadoras. Además, como se nos ha enseñado que el cambio viene de arriba hacia abajo y que otras personas son las que intervienen por nosotros, el hecho de que sean los mismos miembros de la comunidad quienes descubran que tienen las capacidades para transformar sus realidades, implica que ganen confianza desglosando el cambio que desean a largo plazo en pequeños cambios que se pueden ver y evidenciar en un corto tiempo, aprendiendo a priorizar”, menciona Floriano al explicar el proceso que se sigue en este módulo de la capacitación.

Módulo 3: Gestionar la transformación 

 

La última unidad de la capacitación se denomina Cómo acompañar procesos comunitarios de transformación desde la Iglesia, y se orienta a proporcionar conceptos y herramientas necesarias para que el equipo levadura pueda iniciar en el caminar por la planeación y puesta en marcha de sus iniciativas de transformación comunitaria, aplicando aspectos esenciales de la gestión de procesos y proyectos. Por ello, para que la marcha sea positiva y genere verdaderamente cambios que conduzcan a una paz fuerte y duradera, se vislumbran las implicaciones que debe construir una iniciativa: planificarla, evaluarla, monitorearla, gestionar recursos, construir plataforma social y sistematizarla. 

Así pues, tras haber abordado la construcción de planes de vida comunitarios se forma a las y los participantes para que irradien lo aprendido en los territorios, en lo relacionado con: los procesos de planeación comunitaria desde la perspectiva del futuro deseado; la gestión de los recursos para los proyectos que conforman los procesos (cómo potenciar lo que se tiene y dónde y cómo buscar  lo  que se requiere); lo que implica hacer un seguimiento y monitoreo de iniciativas de transformación comunitaria; cómo generar plataformas de alianzas para crear condiciones favorables para la transformación; la incidencia política y la opinión pública para la transformación; y la importancia de la documentación y sistematización para transformar las acciones en aprendizajes que sirvan en un futuro. Todo ello, mediante ejercicios prácticos en los que se utilizan matrices y guías que facilitan la gestión.

 

En este último módulo es que, desde esa visión de Comunidad de aprendizaje, se aprenden aspectos esenciales en la gestión de los procesos y proyectos, desde la planeación hasta la evaluación y sistematización, para acompañar procesos de cambio sostenibles.

Toda persona e institución interesada en el modelo del SNPS – Cáritas Colombiana, puede ponerse en contacto con la institución, para establecer lazos de cooperación

 

Bibliografía recomendada

  • Lederach, J.P. (2007). Construyendo la paz. Reconciliación sostenible en sociedades divididas. España y Colombia: Gernika Gogoratuz y Centro Cristiano para Justicia, Paz y Acción Noviolenta-Justapaz.

  • Lederach, J.P., Neufeldt, R., Culbertson, H., con contribuciones de Darby J., Fitzpatrick, B., Hahn, S., Leguro, M., Merritt, M. y Visser, P. (2007) Construcción de la paz reflexiva. Juego de herramientas para la planificación, el monitoreo y el aprendizaje. Instituto de estudios internacionales para la paz Joan B. Kroc, Universidad de Notre Dame y Catholic Relief Services Sudeste Oficina regional del Asia del Este.

  • Neufeldt, R., Fast, L. Schreiter, Fr.R., Starken, FrB., McLaren, D., Cilliers, J. y Lederach, J.P. (2002) Construcción de Paz. Manual de Capacitación de Caritas. Caritas Internationalis.

 

Secretariado Nacional de Pastoral Social 

Cáritas Colombiana

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Bogotá – Colombia

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Asesora 

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