• Caminando Hacia la Paz

La paz en el corazón de la Iglesia, ideas claves de la Fratelli tutti, del Papa Francisco

Por Elvy Monzant / Cáritas Venezuela

Conferencia inaugural de la Segunda feria de metodologías para la construcción de la paz,

21 de septiembre 2021


 

He llamado este compartir “La paz en el corazón de la Iglesia, ideas claves de la Fratelli tutti del papa Francisco”. Los cristianos estamos llamados a seguir el método ver juzgar y actuar, y tenemos que permanentemente ser capaces de hacer discernimiento de los signos de los tiempos y hacer una mirada creyente de la realidad.


Por un lado, en este mundo tenemos la cultura del descarte, esa cultura que a través de la pobreza y a través de la miseria del hambre, la violencia, la persecución política, las catástrofes, deterioran la dignidad de los seres humanos y que son causales de muerte, de muerte física. Pero, así como duele la cultura del descarte, duele la cultura de la indiferencia y la inequidad que se produce en este mundo.

En este día, que el encuentro que estamos realizando nos sirva para avivar en nuestros corazones el compromiso de —cómo nos invitaba San Francisco de Asís— ser constructores de paz, ser instrumento de paz para que la vida pueda triunfar por encima de todos los signos de la cultura de la muerte que predominan en nuestro tiempo.


Vamos a comenzar a adentrarnos en lo que el papa Francisco nos ha dicho en la Fratelli tutti sobre lo que significa la construcción de la paz. Fratelli tutti es una encíclica social, la más reciente que nos ha dado la Iglesia. Como recordaremos, la primera encíclica social fue publicada en mayo de 1891 por el papa León XIII, han pasado 130 años de construcción progresiva de la doctrina social de la Iglesia entre las Rerun novarun y la Fratelli tutti, más de 130 años donde la Iglesia ha querido ofrecernos a través de su doctrina social los principios, criterios de juicio y líneas de acción para que la fe entre el dialogo con la política, con la economía, con la cultura, y de ese dialogo surjan hombres y mujeres nuevos que sean gestores, constructores, de una nueva sociedad donde podamos rezar el padre nuestro, llamarlo a Dios padre pero con la certeza de que vivimos como hermanos y como hermanas. La Fratelli tutti presenta continuidad e innovación sobre la doctrina social de la Iglesia, la Fratelli tutti es una invitación que el papa Francisco nos ha hecho a construir la fraternidad y la amistad social, dos términos que están íntimamente relacionados con la paz.


No puede haber paz si no está construida sobre los cimientos de la fraternidad y de la amistad social, para que haya paz necesitamos que en el mundo reine la fraternidad y necesitamos construir y fortalecer la amistad social. En la Laudato si’ el papa Francisco nos introdujo de manera muy hermosa, y ha calado muchísimo —quizás más fuera de la Iglesia que dentro de la Iglesia misma— el concepto de casa común, pues la Fratelli tutti complementa este concepto hablándonos de una familia común que vive en una casa común. Si los que viven en esa casa no viven como una familia, como hermanos y hermanas, pero si vivimos como hermanos y hermanas, pero la casa está depredada, deteriorada, maltratada, si nos quedamos sin casa, eso va a atentar contra nuestra familia. Hoy todos los cristianos, las cristianas, y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, tenemos que comprometernos a defender esa casa y esa familia común desde los aportes de la Laudato si’ y la Fratelli tutti. En la Fratelli tutti en el número 17 dice el papa Francisco: necesitamos constituirnos en un nosotros que habita la casa común.


Esa es la invitación de hoy, a que juntos nos constituyamos, nos vayamos tejiendo para conformar un nosotros que cuide, proteja, la casa común y fruto de esta experiencia hagamos florecer la paz. Porque si algo pasa cuando se rompe la paz es que, precisamente, se rompe el nosotros, porque se convierte en unos contra otros, cuando se rompe la paz se pierde el equilibrio con la casa común, se depreda, y por eso, ojalá que de este encuentro nos llevemos esta idea de construir un nosotros. El gran reto de la Iglesia es construir ese nosotros que vive en fraternidad, en la fraternidad de los hijos e hijas, y que ese nosotros sea cada vez más grande, porque vamos incluyendo a todos, no importa su color de piel, su nacionalidad, su cultura, su religión, no es que este nosotros es sólo entre los cristianos, mucho menos sólo entre los católicos, sino este nosotros nos tiene que ayudar a conseguir la unidad.


Nos presenta el papa Francisco que la comunidad mundial navega en una misma barca, y nos recuerda que nadie salva a todos solo, que únicamente es posible salvarse juntos, en comunidad. Una tarea para los constructores de paz es ser signo de comunión, es tratar de construir comunidades organizadas que sean sembradores de paz, cuidadores de paz, porque de forma aislada eso no es posible.


Lo primero que nos recuerda el papa Francisco es que la paz no es sólo la ausencia de guerra. Para algunos si en un país no hay guerra entonces quiere decir que hay paz y eso es totalmente falso porque la paz no es sólo la ausencia de guerra —nos dice el papa Francisco en la 233—, ya Pío XII había hablado: no es sólo el silencio de los cañones, no es sólo que no se estén disparando balas para que de verdad haya paz. Eso exige el compromiso incansable de, y el papa Francisco aquí utiliza tres verbos importantes: reconocer, garantizar y reconstruir la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación.


La paz implica, en primer lugar, reconocer la dignidad humana. Cuando yo reconozco que cada hombre que cada mujer es imagen y semejanza de Dios y por lo tanto tiene una dignidad que le es intrínseca, entonces empiezo a ser constructor de paz con el reconocimiento del otro, así el otro sea diferente, tenga un color de piel diferente a la mía, piense diferente a mi nación, tiene otra cultura, otra creencia. Cuando yo soy capaz de reconocer en todos, un hermano, una hermana, allí comienzo a construir la paz. Pero no basta solo reconocer, es importante trabajar para garantizar que esa dignidad sea respetada.


Habrá paz cuando todo ser humano tenga acceso a la alimentación, acceso a la salud, a vivienda digna, acceso a un trabajo diferente, cuando no sea víctima de violaciones a los derechos humanos, cuando tenga acceso a la recreación, cuando se garantice el respeto a esa dignidad, entonces podremos decir que hay paz. Pero el tercer verbo es muy importante, porque como sabemos, en la gran mayoría la dignidad ha sido maltratada, pisoteada por la pobreza, por la violencia. Entonces, para que haya paz tenemos que reconocer y garantizar esa dignidad, pero también tenemos que reconstruirla en aquellos hermanos que han sido víctimas de diferentes violaciones a sus derechos fundamentales y tenemos que lograr que puedan sentirse protagonistas del destino de su nación —dice el papa Francisco— y no los últimos, los que no importan, rechazados, descartados.


El papa Francisco nos dice: cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma no habrá programa político ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la paz. Si hay que volver a empezar siempre debe ser desde los últimos. Por supuesto, si la paz no es sólo la ausencia de guerra, construir la paz no depende solamente de los políticos, de la policía. Yo escucho a mucha gente que cuando le preguntamos ¿qué hay que hacer para que haya paz en su comunidad?, mandar más policías, enviar más motocicletas o carros de policía, realizar labores de inteligencia para capturar a los delincuentes. Esas cosas son necesarias, pero no garantizan la paz.


Mientras una gran parte de la sociedad salvadoreña, de la sociedad venezolana, de la sociedad latinoamericana, quede abandonada en la periferia, lejos del centro del poder donde están los bienes y servicios, no podrá haber paz. Si queremos revertir ese proceso de que la gran mayoría está en las periferias, excluidos, el proceso no puede ser otro. ¿Por dónde tenemos que empezar? por los últimos, para —como dice el Evangelio— convertirlos en los primeros. También el papa Francisco nos ha llamado a que nuestra opción pastoral nos tiene que llevar a poner a la periferia en el centro de nuestra preocupación.

 

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